Cada día escucho las opiniones de decenas de jóvenes de diferentes procedencias geográficas y sociales, de distintas ideologías, de muy diversas tendencias. Cada uno de ellos habrá crecido en el seno de familias similares u opuestas entre sí, habrá vivido una serie de acontecimientos que habrán marcado sus vidas, sus formas de pensar, de reaccionar ante determinadas circunstancias, de enfrentarse a las situaciones que se les plantean por el camino. Las vidas de unos se parecerán más o menos a las de los otros, pero todos ellos, por algún motivo, creen estar en posesión de la razón.
La juventud de hoy parece pensar que sabe mucho de todo, o casi todo. Están cerrados a cualquier opinión ajena que no coincida con la suya propia. Dicen que escuchan a los demás pero lo cierto es, que están tan sumamente convencidos de que las cosas son tal y como ellos las ven, que no dejan lugar para la discusión. Pero incluso aquellos que están abiertos al debate, no admiten una derrota como resultado. En ocasiones, aparece alguien que les contradice y defiende de forma pasmosa su posición, les da argumentos intachables, les deja sin palabras, y aún así, a pesar de sentirse perdidos y desbordados por las dudas, a pesar de no tener argumentos para rebatir a su opositor, a pesar de encontrarse entre la espada y la pared, no son capaces de rectificar.
Muchos de ellos, cuando se quedan sin argumentos convincentes para defender su postura, se dedican a enumerar las razones por las que la postura contraria es incorrecta. De esta forma tratan de desmantelar las ideas de la oposición para así derribar a su contrincante. Del mismo modo, para no sentirse amenazados por los argumentos contundentes que su opositor pueda ofrecerles, ya no aceptan que este defienda su postura dando los motivos por los que la considera válida y adecuada, sino que también reclaman la destrucción de la postura contraria. Parece que siguiesen ejemplo de los políticos, y en vez de dedicarse a defender su ideología e intentar hacer ver a los demás porqué la consideran la mejor, no hacen otra cosa sino tratar de demostrar que cualquier otra postura es errónea. Al parecer a día de hoy los jóvenes tienen como objetivo fundamental tener la razón.
Esto se debe, probablemente, a su afán por destacar entre los demás, por ser los mejores. Un sentimiento que nuestra sociedad hace años que empezó a fomentar. Incluso en los dibujos animados se difunden valores propios de la sociedad capitalista y consumista en la que vivimos. Pero esto no sólo ocurre en los dibujos de ahora sino que ya pasaba en los de antes. Recordemos, por ejemplo, como Merlín(el encantador) le decía a Arturo que no podía conformarse con ser un simple escudero, que tenía que ser más, mucho más, el mejor(el rey). Esto inculcaba un sentimiento de competitividad en los niños, sentimiento que se puede apreciar a día de hoy en los colegios y, en especial, en las aulas universitarias, constituidas en su mayoría por los principales espectadores de aquellas películas. Los dibujos de hoy son todavía peores, ya no tienen ningún carácter didáctico y difunden gran cantidad de valores machistas(véase "Shin-Chan"), consumistas(como "Las Bratz"),etc. Pero ese es otro tema.
El problema es, que este método de defender lo propio atacando al contrario se ha tomado por costumbre en nuestra sociedad, pero no sólo entre estos jóvenes sino también entre nuestros mayores. Así, la mayoría de nosotros hemos crecido observando a un Aznar que se dedicó a criticar a Felipe González hasta que consiguió el poder, a un Zapatero que(aunque de un modo menos amenazante) hizo lo mismo con Aznar, al igual que lo hace ahora Rajoy con respecto a ZP. Entonces, parece razonable pensar que la pérdida de valores actual la hemos heredado de nuestro sistema político y social, y que recuperarlos será un proceso largo y complicado.
Reflexionando sobre esto me he dado cuenta de que si el futuro está en nuestras manos y somos nosotros los que tenemos el poder de cambiar las cosas, deberíamos empezar a buscar los valores correctos para difundirlos lo antes posible y que las generaciones venideras crezcan sin los prejuicios y las estereotipaciones actuales. Que valores como el respeto, la humildad o la modestia vuelvan a estar entre los primeros de la lista. Que cada uno siga teniendo su opinión, si, pero que cuando surja un debate el objetivo de este no sea demostrar a cualquier precio que "yo" tengo la razón, sino que sea intercambiar ideas y opiniones para entender las perspectivas de los demás, adquirir nuevos conocimientos, cultivar la mente, aprender a respetar otras ideologías, etc.
Por supuesto, hay jóvenes que ya son así, pero constituyen una gran minoría. Gente que por unos motivos u otros se ha dado cuenta de que es en ese deseo de ser el mejor donde radica el problema principal, y luchan por cambiarlo. Personas cuya ambición primordial no es la de destacar entre los demás, sino que aspiran a mejorar la sociedad en la que vivimos para así poder mejorar el mundo. Suelen ser chicos y chicas cargados de esperanza, dotados de un gran sentido de la justicia, pertinaces, luchadores incansables... Esperemos que con su labor revalorativa y sus aportaciones esta sociedad se transforme, poco a poco, en ese ideal de igualdad, respeto, aceptación, etc, que todos quieren, pero que muchos consideran utópico.
2 comentarios:
Bienvenida al ciberespacio. Seguro que va a dar gusto seguirte en tus pensamientos. Bss,
nos diste solo un primer post de aperitivo, pero ahora queremos más. Que se cuece en la menestra?
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