miércoles 29 de abril de 2009

El arte se acerca a los pueblos gallegos de la mano de artistas como Soledad Penalta

En estos momentos en el Concello de Oroso (A Coruña) se encuentra abierta al público una exposición de escultura que recorrerá diversos pueblos gallegos con la intención de acercar el arte a aquellos lugares que no suelen tener mucho movimiento cultural. La exposición, que inició su ruta el pasado mes de marzo en Arteixo, está constituida por diversas obras de un selecto grupo de 16 artistas gallegos.

“Cuando me propusieron participar en esta gira me pareció una gran idea puesto que considero que todo el mundo debería tener la cultura a su alcance, pero si las obras no se van moviendo al final todo queda en las grandes ciudades, y no debería ser así.”, declara la artista Soledad Penalta, una de las escultoras gallegas de mayor reconocimiento nacional e integrante del ya citado grupo de artistas.

La escultura de Soledad es bastante abstracta y aunque a lo largo de su trayectoria ha pasado por varias etapas diferentes, el “leit motiv” de su obra siempre ha sido el ser humano, y más en concreto la cara. “Me parece que es la parte más importante en cuanto a expresión y en cuanto a contenido. Pienso que la cara es el receptor, el recipiente”, explica. Sin embargo, actualmente se encuentra en una etapa que dista mucho de todas las anteriores, en la que esa presencia humana tan característica de toda su obra ha desaparecido por completo para verse reemplazada por un motivo mucho más cercano a la naturaleza, las plantas. “A los artistas nos influye todo. Todo lo que está en el entorno, todo a tu alrededor es arte. Uno sólo tiene que lanzar unas redes y con ellas captar la esencia de lo que ya está ahí. Cuando el entorno cambia, la esencia que captas es diferente y, por tanto, tu obra también sufre variaciones. Yo cambié de estudio de trabajo. Aunque el anterior también estaba en el campo, yo iba y venía cada día desde la ciudad, pero desde hace 4 años que me vine a vivir al campo y tengo aquí mi taller…digamos que convivo con la naturaleza 24 horas al día y veo y percibo cosas que antes no captaba como ahora. Cuando llegué a esta casa, los arboles y las plantas empezaron a desaparecer, a morir, y todo eso me influyó. El ver como los troncos caían pero continuaban vivos, intentando salir adelante, produciéndose así un conflicto y una contraposición entre la destrucción y la esperanza. Todo eso me afectó mucho, y supongo que por ello, inconscientemente, mis esculturas empezaron a reflejar esa naturaleza emergente. Y también tuvo algo que ver el cambio climático que cada vez se aprecia más por estas tierras, y es un asunto que me preocupa” confiesa Soledad.

Tanto las obras de Soledad Penalta como las del resto de los artistas que componen la exposición son bastante abstractas y no siempre fácilmente comprendidas o valoradas. “La no aceptación de este <> es, principalmente, una cuestión de reeducación. La gente tiene que conocer los diferentes lenguajes de la cultura actual para poder entenderla, y eso es lo que esta gira pretende. Sin embargo, también es cierto que al tratarse de un arte más abstracta, no siempre llega a todo el mundo. Aún así, el hecho de que no entiendan una obra, o la desprecien, se debe a que la están interpretando” comenta la escultora, y añade “esa interpretación, evidentemente, es diferente a la interpretación personal que el artista le había dado a la obra al crearla, pero de ese modo la pieza sigue creando ideas, que su objetivo, al fin y al cabo.”

“El problema de mi obra es que yo hago mis esculturas pensadas para un paisaje o una arquitectura concreta, es decir, las diseño para un entorno específico, y verlas entre las cuatro paredes de un museo puede suprimir, hasta cierto punto, su significado” explica. Esta adaptación al entorno también se puede observar en el jardín de su casa, donde parece que el verde del campo y la vivacidad cromática de las flores abrazasen a cada escultura, y las envolviesen, dotándolas de vida, e impregnándolo todo de armonía.

lunes 19 de mayo de 2008

La hipocresía resulta vergonzosa

El terremoto que se produjo el pasado lunes en China no deja de desolarnos. Las ayudas procedentes del exterior aumentan, pero van despacio debido a los problemas que tienen para acceder al país, y no parecen ser suficiente. De momento ya son más de 20.000 los muertos y se cree que con el paso de los días la cifra podría elevarse hasta alcanzar los 50.000.

Como si no fuera suficiente con la situación socio-política en la que se encuentra China ahora un terremoto viene a rematar la tragedia dejando tras de sí cientos de víctimas, cientos de inocentes...
Parece ser que hoy en día da igual que la causa sea la corrupción política, los regímenes autoritarios o una cruel y maliciosa catástrofe natural, al final los que reciben la peor parte son siempre los mismos.
Los países desarrollados, todos ellos conocedores de la gran injusticia que sufre China, han permanecido cruzados de brazos porque el interés era más fuerte que la solidaridad, la compasión...todos ellos valores abstractos, al fin y al cabo. Hace no mucho pudimos comprobar esto ante la polémica desatada por la salida de la Llama Olímpica desde Pekín. De este modo, durante años se ha dado la espalda a la terrible situación que se vive en el país más poblado del mundo –China-, y especialmente al Tíbet, porque el bolsillo así lo requería. Y ahora, ante una catástrofe natural les ofrecemos las dos manos casi sin pensarlo.
Por supuesto que nuestra ayuda es necesaria. No hay duda de que se está haciendo lo correcto, pero llegamos demasiado tarde. Muestra de ello es que muchos de los edificios que se han derrumbado eran escuelas y hospitales, todos ellos construidos probablemente sobre una base poco sólida y con bajos presupuestos para poder mejorar las condiciones de vida de unos pocos, los dirigentes. La hipocresía resulta vergonzosa.

Nuestra hipocresía, la de España y demás países desarrollados, reside precisamente en considerar víctimas a los miles de muertos, a los que aún se encuentran entre los escombros, vivos o no, y a los demás afectados por el terremoto, y no haber considerado víctimas a todas aquellas personas que viven en un régimen militar autoritario sin ningún tipo de libertad ni derecho desde hace años.En definitiva, no hay duda de la necesidad de nuestra intervención, al igual que no hay duda de que habría que haber intervenido cuando las víctimas aún no eran mortales. Ahora, de un modo u otro, directa o indirectamente, nuestros errores del pasado están pasando factura, y como siempre, la pagan los que menos lo merecen.

jueves 22 de marzo de 2007

La juventud en la sociedad de hoy

Cada día escucho las opiniones de decenas de jóvenes de diferentes procedencias geográficas y sociales, de distintas ideologías, de muy diversas tendencias. Cada uno de ellos habrá crecido en el seno de familias similares u opuestas entre sí, habrá vivido una serie de acontecimientos que habrán marcado sus vidas, sus formas de pensar, de reaccionar ante determinadas circunstancias, de enfrentarse a las situaciones que se les plantean por el camino. Las vidas de unos se parecerán más o menos a las de los otros, pero todos ellos, por algún motivo, creen estar en posesión de la razón.
La juventud de hoy parece pensar que sabe mucho de todo, o casi todo. Están cerrados a cualquier opinión ajena que no coincida con la suya propia. Dicen que escuchan a los demás pero lo cierto es, que están tan sumamente convencidos de que las cosas son tal y como ellos las ven, que no dejan lugar para la discusión. Pero incluso aquellos que están abiertos al debate, no admiten una derrota como resultado. En ocasiones, aparece alguien que les contradice y defiende de forma pasmosa su posición, les da argumentos intachables, les deja sin palabras, y aún así, a pesar de sentirse perdidos y desbordados por las dudas, a pesar de no tener argumentos para rebatir a su opositor, a pesar de encontrarse entre la espada y la pared, no son capaces de rectificar.
Muchos de ellos, cuando se quedan sin argumentos convincentes para defender su postura, se dedican a enumerar las razones por las que la postura contraria es incorrecta. De esta forma tratan de desmantelar las ideas de la oposición para así derribar a su contrincante. Del mismo modo, para no sentirse amenazados por los argumentos contundentes que su opositor pueda ofrecerles, ya no aceptan que este defienda su postura dando los motivos por los que la considera válida y adecuada, sino que también reclaman la destrucción de la postura contraria. Parece que siguiesen ejemplo de los políticos, y en vez de dedicarse a defender su ideología e intentar hacer ver a los demás porqué la consideran la mejor, no hacen otra cosa sino tratar de demostrar que cualquier otra postura es errónea. Al parecer a día de hoy los jóvenes tienen como objetivo fundamental tener la razón.
Esto se debe, probablemente, a su afán por destacar entre los demás, por ser los mejores. Un sentimiento que nuestra sociedad hace años que empezó a fomentar. Incluso en los dibujos animados se difunden valores propios de la sociedad capitalista y consumista en la que vivimos. Pero esto no sólo ocurre en los dibujos de ahora sino que ya pasaba en los de antes. Recordemos, por ejemplo, como Merlín(el encantador) le decía a Arturo que no podía conformarse con ser un simple escudero, que tenía que ser más, mucho más, el mejor(el rey). Esto inculcaba un sentimiento de competitividad en los niños, sentimiento que se puede apreciar a día de hoy en los colegios y, en especial, en las aulas universitarias, constituidas en su mayoría por los principales espectadores de aquellas películas. Los dibujos de hoy son todavía peores, ya no tienen ningún carácter didáctico y difunden gran cantidad de valores machistas(véase "Shin-Chan"), consumistas(como "Las Bratz"),etc. Pero ese es otro tema.
El problema es, que este método de defender lo propio atacando al contrario se ha tomado por costumbre en nuestra sociedad, pero no sólo entre estos jóvenes sino también entre nuestros mayores. Así, la mayoría de nosotros hemos crecido observando a un Aznar que se dedicó a criticar a Felipe González hasta que consiguió el poder, a un Zapatero que(aunque de un modo menos amenazante) hizo lo mismo con Aznar, al igual que lo hace ahora Rajoy con respecto a ZP. Entonces, parece razonable pensar que la pérdida de valores actual la hemos heredado de nuestro sistema político y social, y que recuperarlos será un proceso largo y complicado.
Reflexionando sobre esto me he dado cuenta de que si el futuro está en nuestras manos y somos nosotros los que tenemos el poder de cambiar las cosas, deberíamos empezar a buscar los valores correctos para difundirlos lo antes posible y que las generaciones venideras crezcan sin los prejuicios y las estereotipaciones actuales. Que valores como el respeto, la humildad o la modestia vuelvan a estar entre los primeros de la lista. Que cada uno siga teniendo su opinión, si, pero que cuando surja un debate el objetivo de este no sea demostrar a cualquier precio que "yo" tengo la razón, sino que sea intercambiar ideas y opiniones para entender las perspectivas de los demás, adquirir nuevos conocimientos, cultivar la mente, aprender a respetar otras ideologías, etc.
Por supuesto, hay jóvenes que ya son así, pero constituyen una gran minoría. Gente que por unos motivos u otros se ha dado cuenta de que es en ese deseo de ser el mejor donde radica el problema principal, y luchan por cambiarlo. Personas cuya ambición primordial no es la de destacar entre los demás, sino que aspiran a mejorar la sociedad en la que vivimos para así poder mejorar el mundo. Suelen ser chicos y chicas cargados de esperanza, dotados de un gran sentido de la justicia, pertinaces, luchadores incansables... Esperemos que con su labor revalorativa y sus aportaciones esta sociedad se transforme, poco a poco, en ese ideal de igualdad, respeto, aceptación, etc, que todos quieren, pero que muchos consideran utópico.